“Figuras del otoño”
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Una tarde de otoño,

fresca,despreocupada,

luminosa,tenue al horizonte.

En su cielo tìmidamente vestido de azul con grises

vagando hacia los cuatro rumbos cardinales.

En su ùltimo suspiro,obsequia

a la tersa superficie de una loma antigua

su luz cansada y lerda

como impronta de una amistad eterna.

El sueño,se va estirando sobre el camino

que se pierde detras de una densa arboleda de verde peremne,

vigìa del paisaje que envuelve su imàgen en los claros oscuros

que brotan repentinamente en los llanos de la tierra mìa.

Todo parece un sueño de nostàlgicos murmullos,

imperceptible como un alma olvidada

En lo alto de èsta hermosa geoda,

un juego de chispeantes luces

de farolas encantadas afloran por todos lados.

Trepando con pesadez aparece ella toda vestida de plata y oro,

recorre tejados,salta como una inquieta niña ,baila,juega a la ronda,ronda

con sus amigos y brinda con la copa de cada uno el elixir de un amor platònico ancestral.

Cabellos plateados besando antiguos muros coloniales,patios de baldosones gigantes

y jardines acurrucados en un rincòn protegidos de un frìo glacial,

señor implacable,indiferente si los hay.

La luna,las estrellas con su tierna amistad,

penden como joyas preciosas,pero lejanas.

Todo va acabando como cualquier historia en la vida de los hombres.

En algùn lugar del del cielo oscuro,en el horizonte infinito,

està el cofre que las guarda al tèrmino de èsta larga y densa madrugada,

que ya huye cansada de sus andares dando  concejos reparadores .

Ya no queda nada de su paso,solo queda la dulce espera de un dìa màs

de un otoño particular.

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