EL VIAJE
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Recuerdo mis vacaciones cuando fui a un pueblo de casas de piedra vieja en el que el sol hacía brillar la hierba del cercano monte que junto a las montañas con niebla y el río de aguas transparentes hacían de aquel lugar un sitio maravilloso.

De vuelta al pueblo un perro color canela se me acercó y empezó a corretear alrededor de mí y yo me agaché para acariciarle, él muy contento se puso a lamerme la mano y me acompañó hasta el puente donde estaba el hotel en el que me hospedaba. Al entrar y antes de sentarme para comer, me fijé en un detalle que había en un rincón casi oscuro, porque veía moverse algo allí. Me acerqué y vi que era un conejo todo asustado que sin querer se había metido en el hotel y con el jaleo y el ruido se había escondido entre unas cajas apiladas.

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