Conclusiones de la edad.
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Ayer fue mi cumpleaños 87. A esta edad tengo algunas conclusiones: 

En esta vida lo que realmente importa es tener buena o mala suerte. Todo lo demás es circunstancial. 

El hombre que muere viejo no es el adolescente de antaño. Cada etapa de la vida nos hace otra persona distinta. Somos varias personas, diferentes unas de otras según pasa el tiempo, aunque tengamos una sola identidad social para todas. 

No puedo impedir que cada cierto tiempo recuerde a esas personas que he sido, algunas me gustan y otras no. Como soy un ser imperfecto, es más la tristeza y la critica que la alegría. 

Cuando recuerdas tu primer beso, tu primera novia, en realidad estás recordando tu adolescencia, tu juventud. Tu primer beso, tu primera novia, son el marco de un nostálgico cuadro. Nuestra mente es una sinuosa manipuladora.

No me gusta recordar el pasado porque a los pocos segundos comprendo que pude hacerlo mejor y me disgusto conmigo mismo. Defecto de fábrica.

La buena suerte mía como anciano es no depender de nadie y de nada, tanto afectiva como social, y económicamente. Así no soy una carga ni una víctima en mi entorno.

Nadie escapa a su época. Estoy en su contexto en cada persona en que me convertido, como si fuera un planeta girando alrededor de un sol. Es el poderoso instinto de la supervivencia. Y también un buen conocimiento de la Condición Humana. 

La calidad de mi mente ha disminuido notablemente en la memoria y en el mandato de actividades cotidianas. Ha ganado en meditación y profundidad en el análisis.

No me siento defraudado porque no soy ambicioso. No me siento triste porque he vivido plenamente. No me siento decepcionado porque nunca esperé nada.

El sexo y el amor son primos muy lejanos, pero si coinciden, suavizan la aspereza en la convivencia de dos personas con distintas características antagónicas por naturaleza.

Mi cuerpo sufre de varios achaques, compensado con el cambio de apetencias. Cuando arrecian esos achaques, oigo un susurro que no parece mío: ¿cuándo vendrás, Doña Muerte? Todavía no es mi hora. Pasan los malos ratos y me levanto de la cama, sonriéndole sinceramente a mis seres queridos. Nada resuelvo quejándome.

Pronto se cerrará el círculo de mi vida. Seré un recuerdo en mis seres queridos cada vez más pálido y esporádico, hasta que el círculo de ellos se cierre también. Entonces no seré  nada, como si no hubiera existido nunca. Si depende de alguien o de algo que yo exista, le doy las gracias por permitirme la gran aventura de vivir. 

Juan Antonio Rodríguez Menier.

 

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